Convocatoria pública y abierta A propósito de la elección de Consejo Directivo 2013 en la Universidad de Buenos Aires

Para las elecciones a Consejo Directivo de la Facultad de Filosofía y Letras durante el año 2007, una de las listas presentadas en ese entonces proponía someter a mandato rotativo y revocable sus candidatos. A la vez, proponía conjugar de modo diferente los dos términos más mencionados en los volantes de las agrupaciones en ese momento: “presupuesto” y “democratización”. Para el primero (presupuesto), se leía: “Consideramos necesario un aumento del presupuesto, pero consideramos también que la obtención de un aumento no cambiará nada si no se pone el acento en la democratización. Para ser más directos, digamos que si el aumento de presupuesto es administrado por la actual estructura universitaria, entonces un aumento no tendrá ningún efecto más que el de otorgar mayor poder aún a las camarillas hoy gobernantes”. Para el segundo (democratización), frente a las posturas que pugnaban (y pugnan) por el aumento de la representación de alguno de los claustros o la preeminencia de algún claustro por encima de otro (por ejemplo, claustro único docente o mayor representación del claustro de estudiantes), se leía: “entendemos que esta manera de concebir el conflicto político es superficial. Y es superficial porque se queda en la elección de representantes que pretenden administrar lo que existe. Para nosotros no hay que controlar el aparato universitario, sino que hay que transformarlo por completo”. En concreto, si el problema universitario no era (ni es) meramente económico sino político, la metodología revocable (consejero mandatado en asambleas y/o reuniones públicas y abiertas), era la manera en que este espacio intervenía en clave democratizadora los órganos de gobierno universitario (y esto, sólo porque entendemos que la revocabilidad supone un proceso previo de autoorganización y democratización -como mínimo- al interior del espacio que lo propone, oponiéndose a la representatividad que, por sí sola y como doctrina, obtura de facto dichos procesos).
Conjugando Saberes, así habíamos denominado aquella faena, arremetía también sobre las formas de producir conocimiento. La crítica al gobierno por claustro y dividido por departamentos tenía su correlato en la puesta en cuestión de la organización en cátedras del conocimiento. A propósito de las cátedras paralelas, se leía en el mismo volante: “La democratización entendida como multiplicación de cátedras paralelas deja intacta la organización del conocimiento que padecemos a diario en las aulas. Una cátedra cuyo titular fuera Karl Marx sería eso, una cátedra. Y una facultad que tuviera mayoría estudiantil marxista en su Consejo Directivo sería eso, una facultad. Y nosotros estamos descontentos con las facultades y con las cátedras. Declaramos que una democratización en la producción del conocimiento es incompatible con las facultades organizadas en base a cátedras.” La democratización de los órganos de gobierno universitarios iba de la mano de la transformación de los modos de producir conocimiento en las aulas.
Dos aclaraciones al respecto. La primera: no estábamos presos de ningún furor auto-destructivo, reconocíamos en aquel entonces, los avances parciales de conseguir mayor presupuesto, de ampliar el número de representantes y hasta de pluralizar ideológicamente nuestra formación. Simplemente decíamos que tales intervenciones no eran suficientes en tanto no cuestionaban la estructura establecida. Segunda aclaración: les juramos que no estábamos (tan) solos. En aquel entonces compartimos experiencias como estas con buena parte de compañeros y agrupaciones de izquierda (y no tanto). ¿Y a qué viene todo esto? Pues que seis años más tarde, un escenario como este resulta insospechado. La representación política en su vertiente universitaria o, la organización en claustros, permanece incuestionada en todas sus manifestaciones políticas. Notamos entonces un claro retroceso de la puesta en cuestión de las relaciones sociales que sostienen la actual estructura universitaria en pos de ocupar espacios en dicha estructura.
A pesar de este retroceso, notamos que algunos volantes de izquierda no pueden dejar de mencionar un tópico relativamente novedoso: la crítica a las formas de producción de conocimiento universitarias. Aquel primer giro conservador entra en tensión aparente con esta nueva consigna. Sin embargo, esta tensión se matiza si tenemos en cuenta la recurrencia de graduados y profesores dentro de la facultad que despotrican desde hace tiempo contra la vetusta organización en cátedras, contra los “desactualizados” planes de estudio y contra la carencia de “metodologías” y “estrategias” didácticas novedosas. Este larvado malestar, para nosotros, trasunta las necesidades de homologación de la producción de conocimiento de acuerdo a los parámetros del mercado mundial. A nadie parece ya satisfacer lo que produce la Universidad (o al menos no se pueden armar volantes para intervenir en las elecciones sin decirlo). En este contexto no podemos desconocer la atracción que pueden tener entonces una serie de prácticas que, si bien no están extendidas, se inscriben críticamente justo en las formas en que se produce conocimiento a nivel universitario. Pero no nos adelantemos, desandemos primero la tensión y despleguemos las prácticas mencionadas.

1. Mapeando la producción de conocimiento en Puán

Desde el año 2006/2007 a esta parte se han extendido las experiencias de seminarios y materias colectivas, grupos de estudio y publicaciones -en lo que hace a la intervención en la producción de conocimiento- y de revocabilidad -similares a la mencionada del 2007- en los órganos de gobierno.1 Estas experiencias tienen en común el vínculo inmanente entre dos aspectos imprescindibles de la
1 En el año 2006 se aprueba para varias carreras el seminario colectivo “Conocimiento, verdad y poder”. Dos años más tarde, el seminario se transforma en la materia colectiva “Epistemología y métodos de la investigación social”, aprobada por el departamento de antropología y dictada también para la carrera de Edición. Desde entonces la carrera de antropología ha conocido una forma alternativa de cursada colectiva y horizontal, una experiencia de intervención en junta con mandato rotativo y revocable y durante este último año, a la materia de Epistemología se le suma la presentación de un seminario del colectivo Antroposex y el seminario colectivo impulsado desde el Taller de metodología de la investigación. Podemos hacer referencia a una situación similar en la carrera de Filosofía. En 2003 “Verdad científica y subjetividad política/ Subjetividad científica y verdad política. Las ilusiones de la razón y la razón de las ilusiones”. En 2006 el seminario “Conocimiento, Verdad y poder”; en 2007 “Filosofía, Historia y Comunidad” y la revista de filosofía, estética y política Amartillazos (revista de carácter autogestado que se suma a la ya existente Dialéktica que data de comienzos de los 90); y en 2008 “Borges Problemático”. A esta nómina hay que agregar variadas experiencias impulsadas por compañeros y compañeras de Estar Siendo como “Filosofía y pensamiento popular latinoamericano, una integración pedagógica, social y cultural”. Por último Revocables…ganó la minoría estudiantil durante el período 2009-2010.
militancia: a la vez de tomar elementos fundamentales de la agenda académica-gremial (la ausencia de una materia de Historia de Filosofía del siglo XIX en una carrera de Filosofía, la ausencia de una abordaje problemático en Epistemología, la ausencia de un espacio de aprendizaje, producción y escritura, la falta de participación total de los estudiantes en los órganos de gobierno universitarios, etc.), actualizan una experimentación política que en la práctica cuestiona la estructura de relaciones al interior del aula y de la representación estamental de los órganos de gobierno, apostando a una democratización a secas tanto en la producción de conocimiento como de los órganos de gobierno universitarios.
A diferencia del año 2007, cuando estas experiencias estaban en procesos de gestación o en germen, hoy todas esas prácticas ya llevan varios años de funcionamiento y muchas de ellas están concluidas. Esta disparidad arroja por lo menos una consecuencia fundamental: la aprobación por parte de varios departamentos de la UBA de este tipo de experiencias (Edición, Antropología, Letras, Filosofía, Historia y Sociología) genera un precedente que ya se hace sentir a nivel político.

2. El círculo de la representación

Al cerrarse en el 2008 el ciclo de luchas abierto durante la crisis del 2001, se constata asimismo la recomposición totalizante de la representación de masas. Si era esperable que en la disputa por la resolución 125 los contendientes apostaran a ganar la mayoría en el congreso, es notable que en el grueso de las fuerzas políticas que se manifestaron al respecto no apareciera ningún cuestionamiento a los órganos republicanos como los espacios privilegiados para “resolver” los conflictos sociales.
Esta primavera de la política representativa hacia el 2008 se advierte de manera doble: tanto por la reconducción de la protesta social por la vía institucional como en el pronunciamiento por un bando u otro al interior de la falsa dicotomía que inducía a elegir o bien por la burguesía industrial o bien por la agrícola, permaneciendo velada la identidad de las relaciones de explotación sostenidas por ambas. La legitimidad de la política representativa, entonces, gana nuevos bríos e insufla la omnipresencia estatal en las organizaciones e instituciones sociales.
Pero hay otra arista fundamental en esta recomposición estatal. La producción del conocimiento se ha transformado en objeto de atención para capitales nacionales (la adquisición de la UADE por Techint, la financiación de investigación por AAPRESID) y se ha convertido en objeto de políticas públicas diversas. Se ha intensificado la creación de nuevas Universidades Nacionales y se ha reestructurado, creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología mediante, el sistema de financiamiento para la investigación y la formación superior. Podemos además citar los cambios en la evaluación de CONICET y el incentivo a la investigación en temas estratégicos, la creación de becas de estudio para áreas vinculadas a la industrialización nacional (becas YPF, becas Bicentenario para estudiantes de carreras científicas y técnicas) y la reforma de todos los planes de estudios de los profesorados a nivel nacional (las homologaciones de títulos bajo la acreditación a la CONEAU). Estas transformaciones guardan relación con la necesidad vigente de recualificación de la fuerza de trabajo en cierto sector de la clase trabajadora, para lo cual es necesario un cambio sensible en el proceso de formación. Lo que está de fondo, en otras palabras, es la modificación de las maneras en que se produce conocimiento y una creciente mercantilización del mismo bajo un modelo más “versátil”, convergente con las tendencias “avanzadas” en los procesos de trabajo: un modelo de horizontalidad, autonomía y cooperación en las bases con una dirección omnipresente, apropiadora del producto del trabajo. En ese contexto, la
Universidad está en el foco de esta tendencia. El malestar que mencionábamos al comienzo, expresado por profesores y graduados, tiene directa vinculación con esta necesidad.

3. Eje reivindicativo y antagónico: la disparidad

Así como a nivel nacional la política antagónica cedió frente a una perspectiva meramente reivindicativa que apuesta a resolver conflictos y lograr avances parciales dentro de la estructura establecida, la disputa entre continuidad de la gestión o su alternativa opositora replica el mismo movimiento. El esquema Morgade vs. Acuña no modifica un ápice la estructura de gobierno universitario. Acomodarse al interior de alguna de estas alternativas abreva en la mera reivindicación despojada de todo cuestionamiento de izquierda. Pero ¿qué entendemos por mera reivindicación?“La lucha anticapitalista se da, pues, a la vez en dos frentes: el inmediato y el histórico, el reivindicativo y el antagonista. Nuestra lucha histórica impugna la sociedad de clases como tal y al trabajo abstracto o asalariado como su fundamento estructural. No nos interesa un trabajo digno, bien pago o sindicalmente protegido. Nos interesa una sociedad donde no existan el trabajo asalariado y la acumulación de capital. Con todo, nuestra lucha histórica debe volverse también inmediata: aspirar a la sociedad sin clases sin poner todas las energías necesarias en la defensa de los intereses de los sectores dominados sería idiota. Si el comunismo no es un ideal a implantar, entonces su construcción no puede hacerse ninguneando la intervención coyunturalmente emplazada para mejorar la situación de los productores sociales. Negarse a luchar por mejorar esa situación en el marco del orden capitalista es profesar un peligroso desprecio por los cuerpos, condenándolos a padecer los efectos inmoderados de la violencia sistémica. Además, las fuerzas sociales siempre se inclinarán más fácilmente por las políticas en las que vean efectos favorables palpables. Quien, por lo tanto, minimiza la importancia de las luchas inmediatas (resolubles dentro del orden capitalista), entrega la victoria política a los partidos burgueses, siempre dispuestos a prodigar prebendas y ventajas sensibles a las masas administradas” (Amartillazos 4/5, editorial, p. 21).
Por eso decimos que si bien el eje reivindicativo es por demás necesario, también es insuficiente, dejándonos dos consecuencias fundamentales de dicho corrimiento: la primera consiste en abandonar todo cuestionamiento en la estructura de los órganos de gobierno (mera democracia académica). Y, en segundo lugar, aislar a las prácticas de intervención de la producción de conocimiento de sus proyecciones políticas más amplias. La democratización es tolerada en el aula, pero se la inhibe en los ámbitos de representación, de modo que experiencias como las materias y seminarios colectivos terminan despolitizadas cuando no funcionales a través de su normalización. En este sentido, la intensificación por parte de la nueva izquierda en lo gremial y en los órganos de gobierno, y sólo eso –que de otra manera podría leerse como un avance en el trabajo sobre las condiciones necesarias de cualquier política- corre el riesgo de obliterar el trabajo antagónico de cuestionar las relaciones sociales imperantes –las condiciones suficientes-. No podemos dejar de remarcar, además, que esto converge con la tendencia enunciada en el apartado anterior: relativa democracia en la base, manteniendo la apropiación individual y la dirección del proceso de producción.
4. Democracia académica y democracia sin adjetivos: la forma de los límites.
Esta invisibilización y falta de puesta en crisis, se ve en que la homologación y reforma de los modos de producir conocimiento, tanto en sus contenidos (planes de estudio) como en sus formas (crítica a la forma cátedra), es producido ni más ni menos que por una tendencia actual del Capital mismo, ávido de depuración de los vetustos elementos que impiden la valorización y cualificación de la fuerza de trabajo en este rubro. Así tenemos la muestra más palpable de los límites estrechos que posee la mera reivindicación dentro de los aparatos que nos brinda la democracia académica y representativa en general. La defensa de las reivindicaciones dentro de la cancha, las reglas y el juego establecidos por el capitalismo, tienen como (obvia) consecuencia la colaboración con su reestructuración general (previa despolitización y pérdida de todo horizonte antagónico).
He aquí el problema de esta disparidad: las próximas elecciones de consejo directivo evidencian la replicación de la tendencia social general hacia una recomposición de la legitimidad estatal, con la representación política del caso, aún en territorios como el universitario donde el ideario burgués de una persona un voto no existe. Esa misma recomposición cercó las magras pero existentes intervenciones de cuestionamiento de la estructura universitaria e intensificó una agenda política meramente reivindicativa por parte de la izquierda. En este escenario, la falta de prácticas de intervención de las relaciones sociales que estructuran los claustros hace que la izquierda sea hoy mero furgón de cola de las tendencias progresistas y liberales de una parte y, por otra, que las intervenciones de democratización en las producción de conocimiento experimenten un techo mucho más bajo.
No obstante, no queremos eludir el bulto, ni pretendemos desconocer las dificultades de practicar la democracia sin adjetivos, especialmente en un ámbito hostil a dichas prácticas, con tiempos y tradiciones muy distintas a las de horizontalidad, autonomía y revocabilidad. Como ejemplo, con la experiencia de Revocables…, minoría de estudiantes en la JD de la carrera de Filosofía por dos años, no engañábamos a nadie: «Deploramos la representación política». Con esta «plataforma», Revocables… obtuvo 340 votos. Sin embargo, en las reuniones Revocables… los cuerpos presentes jamás superamos el 10% de ese número electoral. Es decir: la práctica cedió ante una lógica representativa, y no pudo ni supo sobreponerse a ella. Esto denota un límite muy marcado sobre la autoorganización y la práctica de la democracia sin adjetivaciones, límite que reconocemos y problematizamos, y que opera impidiéndonos generar efectivamente las condiciones suficientes para superar las actuales prácticas hegemónicas que derivan en más democracia representativa. Dichos límites tienen su fundamento en los distintos escenarios que hemos estado describiendo, en la monopolización del sentido que estas prácticas hegemónicas establecen sobre lo que es o no es posible hacer, como así también en las propias fuerzas de nuestra organización, y son en definitiva los que nos llevan a no presentarnos como agrupación en estas elecciones. Estos límites nos constriñen en los diversos intentos de construcción y trabajo de base que estamos llevando adelante, lo cual se evidencia en que dichos intentos no han podido todavía masificarse ni instituirse como tales. Todo lo contrario, están viéndose hoy incluso reemplazados por aparatos y representantes que justamente parecen prescindir de ese previo trabajo que mencionamos. No obstante, como resaltamos al principio, diversos intentos y ensayos de esta práctica se siguen llevando adelante, a pesar de que, ciertamente, el resultado de estas elecciones pueda modificar sensiblemente el escenario en el que estas prácticas se llevan adelante.
Dicho todo esto, aclaramos: creemos que participar de los canales de democracia burguesa forma parte de los mecanismos para forzar un verdadero proceso de democratización (como ya dijimos, hemos intervenido en estos canales). Pero también creemos que esta participación debe formar parte de un planteo antagónico que le otorgue sentido, y no se quede meramente allí. Consideramos que, para participar en dichos canales en forma antagónica y no meramente reivindicativa, es necesario que esté construida una crítica teórica-práctica a dicho proceso para poder problematizar la estructura académica desde dentro. En nuestra lectura de situación, y nuestras consiguientes fuerzas, esto no está dado. Pero también sabemos que toda situación dada es histórica y social y, por lo tanto, pasible de ser trasformada por procesos de auto-institución colectiva. Convocamos entonces abierta y públicamente a discutir esta y otras lecturas, al mismo tiempo de pensar y elaborar posibles acciones democratizadoras (emancipatorias) en, desde y en contra de, una democracia académica fortalecida.

Convocatoria a discutir abierta y públicamente, sin distinción de claustro ni de carrera
Sábado 24 de agosto, a las 14:00 hs. aula 108 de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA
Colectivo de Co-organización Militante (Nodo)
Agosto de 2013

http://www.nodocoorganizacion.com.ar

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