Cartografía probable de los grupos de estudio autogestionados

(Mapa potencial de un itinerario problemático)

El problema de la auto-formación, como todo problema, tiene sus raíces en las urgencias de la vida. Y como tal, no cesa de referir, de esconder, de alumbrar otros problemas. Una vez que empezamos a desarrollar un problema es improbable cuándo se va terminar: un problema lleva a otro, aparecen nuevas perspectivas, inéditos obstáculos, facetas que en un primer momento pasaron inadvertidas. La urgencia vital que, en nuestro caso, da el puntapié al problema la auto-formación, es la crítica radical al modo de vida en la sociedad capitalista. Y, según nos parece, una crítica radical se queda corta si no experimenta, a la vez, nuevos modos de hacer las cosas, otros modos de vivir. Yendo al grano del problema que en estas líneas nos ocupa, podemos decir que estudiar es conocer al enemigo que se combate. Pero estudiar no sólo significa “lo que se estudia” (el modo de vida capitalista) sino también “cómo se lo estudia” (el combate). O sea, qué estudiamos y  cómo estudiamos son parte de una misma cuestión. Por eso, para nosotrxs, estudiar al enemigo es una práctica. Se verá que la complejidad del problema hace que, paradójicamente, nuestra urgencia aprenda a ser transitada pacientemente.

                Antes de continuar, explicitamos que varixs lxs integrantes de Nodo – Colectivo de coorganización militante, participamos en las actividades que mencionaremos a continuación, a veces como impulsorxs, otras veces como integrantes. Esto significa que las actividades no son de este espacio político sino que cada una de ellas depende del colectivo coyuntural que las encarne y las lleve adelante. A pesar de esta nítida distinción, queremos decir que sin dudas no hay inocencia en que seamos nosotrxs lxs que escribamos estas líneas para esbozar una continuidad entre estos distintos talleres de auto-formación. Pero -en lo que sigue esperamos que quede más claro- queremos mencionar que la continuidad que señalaremos tiene que ver no tanto con que hace años seamos las mismas caras en distintos espacios, sino con enfatizar un modo político común de resolver los problemas de la auto-formación que expresan los grupos de estudio, en particular y los modos de organizar la vida en general.

Cómo estudiamos.

Año 1997. “Seminario / Taller. Epistemología, metodología y técnicas de investigación en ciencias sociales”. Experiencia piloto de otro modo de estudiar en el seno de la universidad. El texto que acompañaba a este título decía:

“Este taller es un intento de sistematización de las críticas que los estudiantes realizan a los cursos dictados en la facultad. Su objetivo principal es construir herramientas para la intervención académica en el área epistemológica, apuntando, mediante la crítica de lo dado, a la construcción de un conocimiento comprometido y crítico. Sus contenidos intentan introducir, completar y reubicar la compleja y heterogénea trama de los problemas epistemológicos contemporáneos en su interacción con los diferentes enfoques metodológicos y con las técnicas de investigación resultantes…Todos los lunes de 20 a 23 hs (Aula 145). Facultad de Filosofía y Letras, Puán 470. Organizan: LOSOTROS (estudiantes de antropología por la organización autónoma), REVISTA DIALÉKTICA.”[1]

Algunxs de nosotrxs ya participábamos de aquella apuesta. Pero lo hemos dicho: no nos importan las caras que se repiten sino las maneras de hacer las cosas. Por eso, lo que queremos poner de relieve, y abreviando bastante las cosas, es que  desde esta primera apuesta han decantado dos maneras de transitar el problema de la autoformación. Por un lado, las materias y seminarios colectivos[2]. Por otro, los talleres de lectura. En estas líneas nos ocuparemos de cómo funcionan estos últimos.

                Los principios políticos comunes que fundan y atraviesan los distintos los talleres de lectura son la horizontalidad en la toma delas decisiones y la autonomía de los colectivos. Horizontalidad significa que nadie tiene prerrogativas especiales en cuanto a la decisión sobre el devenir de cada grupo. Autonomía, a su vez, supone que no existe una instancia exterior a cada colectivo que pueda imponerles un derrotero. Todos estos espacios son, por lo tanto, públicos, autogestivos, gratuitos y de convocatoria permanente.

                Dado ese rasgo común, podemos diferenciar entre los talleres de lectura que se conforman con el fin de estudiar determinados problemas (por ejemplo, Fundamentos del pensamiento contemporáneoPolética, Grupo de estudio de metafísica y política) y aquellos que se constituyen para trabajar obras o autores específicos (por ejemplo, El capital de K. Marx, El Anti-Edipo de G. Deleuze y F. Guattari, Taller de lectura de la Obra de DeleuzeKant-Hegel).

                Cabe resaltar que se lea lo que se lea, se estudie lo que se estudie, siempre es el colectivo compuesto el que decide el modo específico de trabajo. Los caminos que se transitan van desde leer línea por línea en voz alta para luego discutir, pasando por exposiciones rotativas que sirvan de insumo para la discusión, hasta llevar los materiales leídos y comenzar la conversación directamente. Cada colectivo maneja las intensidades, los ritmos de trabajo que consensúa en cada caso. Tanto de la lectura propiamente dicha como de los lugares, horarios y fechas de encuentro. He allí una expresión -mínima pero clara- del ejercicio de la horizontalidad y la autonomía.

                Y ya que estamos sobrevolando las distinciones entre los colectivos, mencionemos una última. Algunos grupos hacen una convocatoria cada vez que inician una obra nueva (por ejemplo, Fundamentos del pensamiento contemporáneo. En general no se no vuelve sobre las obras ya trabajadas. La excepción la marca -como es de esperarse- que el colectivo así lo decida). Otros repiten todos los años la convocatoria para leer una misma obra “desde cero” (por ejemplo, El capital El Anti-Edipo). Esta última opción ocasiona que estén leyendo una misma obra distintos grupos según el año en el que arrancaron el trabajo. Esta simultaneidad de distintos grupos con un mismo texto también propició que se celebren encuentros entre los distintos talleres para socializar experiencias de lectura, obstáculos organizativos, dificultades conceptuales, etc. (Intertalleres de El capital Intertalleres de lectura de El Anti-Edipo). Estos encuentros, huelga decirlo, no son obligatorios y no menoscaban el tiempo y el ritmo que cada colectivo en particular le imprime a su estudio.

Qué estudiamos.

No repondremos cronológicamente los distintos talleres de lectura de los últimos catorce años, ni mencionaremos las causas de origen de cada espacio. Lo primero nos llevaría a la mera anécdota. Lo último nos podría conducir engañosamente hacia la apariencia de que todo estuvo planeado “desde un principio”. En cambio, lo que haremos, lo que podemos ofrecer ahora es un posible recorrido, una viable concatenación problemática entre los diferentes grupos de estudio. Un potencial derrotero en el que, como decíamos en nuestras primeras líneas, un problema lleva a otro. Esto significa que sólo es una opción de trabajo, una entre muchas. Esto significa, también, que ponemos arriba de la mesa el afán con que algunxs de nosotrxs transitamos, impulsamos y participamos en estas instancias de auto-formación.

                Si se trata de conocer al enemigo, si se trata de comprender el mundo en que vivimos, la lectura de El capital (Crítica de la economía política) de Karl Marx se nos muestra como una obra ineludible. Necesaria, sin dudas. Pero insuficiente… ¡qué duda cabe! Porque comprender el hecho de que en la sociedad capitalista los productos del trabajo humano y nuestra capacidad de trabajar se transforman en mercancía es tan sólo el comienzo. Un pie en este camino, un cuerpo inquieto y una cabeza insomne son el acicate para que varios y fértiles senderos se abran, se bifurquen, se crucen. Algunxs decidimos desconfiar de Marx y nos fuimos a leer a A. Smith, a D. Ricardo, a los neoclásicos (W. S. Jevons, A. Marshall) y hasta a J.M. Keynes, además de tratar de entender cómo se inscribe la Argentina en el mercado mundial (y armamos el Grupo de estudio de economía política y su actualidad). Otrxs, intrigadxs por qué quiere decir “dialéctica”, nos aventuramos a ir a conversar con los parteros de la auto-conciencia moderna (y armamos el grupo de estudio de las obras de Kant-Hegel). A otrxs, ante el evidente contento con la vida capitalista que muestra la inmensa mayoría de la humanidad (tan evidente como que no se los cuestiona y, menos que menos, se expresa un anhelo por otro tipo de vida), nos pareció que el libraco marxiano quedaba flaco. Y por eso nos metimos a estudiar esa potente crítica de la economía libidinal que son los dos tomos de Capitalismo y esquizofrenia escritos por G. Deleuze y F. Guattari: El Anti-Edipo Mil Mesetas (y por eso lanzamos todos los años un taller para esta labor). El trabajo con esta obra también ha bifurcado, por un lado, en el interés por leer más de ese pensador difícil de catalogar (y por eso estamos leyendo cronológicamente su obra en el Taller de la Obra de Deleuze); por el otro, en el adentrarnos en una prolífica corriente teórica que mucho ha colaborado con el dueto francés (y participamos en el Taller de lectura de obras fenomenológicas). Llegados a este cruce de los caminos, decir que nuestra capacidad de trabajar se vuelve mercancía ya no se deja reducir a la mera mención del salario. Decir sólo eso, es decir demasiado poco. Es necesario, pero insuficiente. Porque esa transformación, esa mutación de nuestra capacidad de hacer, enferma nuestros cuerpos (y por eso participamos en la Facultad de Medicina el espacio de auto-formación Conjugando saberes), trastorna todas la relaciones que nos atraviesan (y por eso participamos en el Taller de Géneros y Sexualidades). Basta con tirar del hilo de una chaqueta para que nuestrxs cuerpos queden a la intemperie.

                Pero como también se trata de combatir al enemigo, como también se trata de organizar la producción social, la vida social de otro modo, entonces no sólo ejercemos prácticamente, en la medida que podemos, un modo auto-organizado y horizontal, sino que también tomamos como tema de estudio y reflexión el problema de la organización política. Algunxs lo hacemos rastreando los orígenes y efectos del uso recurrente de nociones y categorías filosóficas dentro de los discursos políticos militantes en circulación (y por eso nos juntamos en el grupo Fundamentos del pensamiento contemporáneo). Otrxs, hace años que rumiamos las relaciones y los límites entre la ética y la política (y participamos en el Grupo de pensamiento Polética). Otrxs, hartxs ya de los militantes que, no sólo se creen -con un infatigable candor- los “poseedores” de la verdad-verdadera (como si fuese una cosa), sino que también pretenden incrustársela (vaya a saber unx cómo) al sujeto revolucionario (proletario, pueblo, etc.), decidimos que íbamos a estudiar las vicisitudes que depara para la teoría y la práctica, partir de la unidad entre el cuerpo y el pensamiento (y por eso impulsamos el Grupo de estudio de metafísica y política). Basta con notar la magnitud de los problemas, para que la urgencia y el optimismo de la voluntad se sonrojen… y le den lugar a la paciencia.


[1] Dialéktica. Revista de filosofía y teoría social, año vi, número 9, Buenos Aires, octubre 1997, p. 174

[2] Para ver algunos materiales que se forjaron al interior de los seminarios y materias colectivas remitimos a la sección “Experiencias curriculares autogestivas”http://nodocoorganizacion.com.ar/.

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