¿Cuál democracia para qué clase social? Por la autonomía de clase de lxs productorxs sociales.

La emancipación de la clase obrera
debe ser obra de los obreros mismos.

—Estatutos generales de la Asociación
Internacional de los Trabajadores (AIT), 1871.

Las elecciones se volvieron a poner de moda

Luego de una primavera asamblearia, las elecciones como modo democrático de gobernarnos retomaron su furor en la arena política. Todo el arcoíris militante de izquierda, “la nueva izquierda popular”, decidió abrazar las elecciones. Una lectura posible es la necesidad de seguir en las primeras o segundas planas de las revistas de moda. Otra, es la convicción de que a través de los aparatos estatales se puede cambiar el orden existente. Lo que tienen en común es que se atribuyen la participación política en términos de representación, dejando a lxs productorxs sociales reducidos en una subjetividad individualizada con 15 segundos de participación política cada 4 años en los cuales deben condensar todas sus opiniones, sentimientos, contradicciones, propuestas. Afirmando en cada votación nuestra impotencia institucionalizada, nuestra obediencia a un jefe o a un partido.

¿Por qué decidimos no formar parte del reality show?

Porque creemos que presentarse a elecciones sin denunciar su carácter burgués, sin criticar la explotación cotidiana que la representación esconde y sin poner en práctica dispositivos de apertura colectiva que propicien la apropiación del proceso por parte de lxs productorxs sociales no apunta a debilitar el orden establecido sino a reforzarlo mediante el culto a los líderes (vivos y muertos), la sumisión al partido y el establecimiento de una burocracia «revolucionaria» que le miente a la clase trabajadora con el propósito de afianzar el aparato.

Esto no significa que estamos en contra de presentarnos a elecciones por principio. De hecho, en los casos que hemos considerado que teníamos la fuerza suficiente, quienes firmamos este documento nos hemos presentado a elecciones en nuestros lugares de trabajo (sindicatos, colegios secundarios, terciarios, universidades…). De manera que, de hecho, ni estamos en contra de presentarnos a elecciones ni estamos en contra de votar. Al menos, como ya hemos mencionado, no por principio. El presentarnos siempre ha implicado denunciar el carácter burgués de la representación; socializar toda la información a la que accedemos y que normalmente queda en la «mesa chica» de quienes toman las decisiones que nos afectan; mediar instancias colectivas de elaboración y decisión que propicien la mayor apropiación posible del proceso por parte de «los electores»; y defender la revocabilidad en asambleas y la rotación periódica de «los electos». Pues consideramos que no debemos atender por separado los contenidos y las formas, los medios y los fines, de la acción política. Las formas expresan contenidos, los medios anticipan fines. Por ello ni nos disfrazamos de promotores de la revolución vistiendo gorritas y remeras con colores identificatorios, ni nos volvemos publicistas que abandonan los planteos revolucionarios a favor de frases «que le lleguen a la gente», ni hacemos marketing para «la venta» de candidatos que combinen el vedetismo con la mercancía, ni sostenemos cantitos y barrabravas como si las elecciones fueran un torneo de la AFA.

No hay atajos para la autoemancipación de la clase de lxs productorxs sociales. Votar o no votar da lo mismo si no ejercitamos, simultáneamente, es decir en este preciso instante, la crítica práctica contra la lógica del capital y contra la lógica de la representación en cada lugar de trabajo y en cada situación cotidiana que nos interpela, en nuestros lazos colectivos, con otrxs productorxs sociales. No en la jaula oscura donde por períodos regulares ahogamos nuestros deseos de emancipación humana.

Nodo – Colectivo de Coorganización Militante
Octubre de 2015