Una y otra vez la explotación. La reproducción Preguntas (im)pertinentes. Episodio tres.

b

¿Dónde vive la mercancía?

En términos generales, podemos decir que la mercancía[1] recorre, en su ciclo vital, cuatro etapas: la producción, la circulación, el intercambio y el consumo. La mercancía nace en la esfera de la producción. Luego, es llevada de diferentes modos a aquellos lugares en dónde puede ser comprada. Son esos los viajes de la circulación. Cuando llega a destino, al mercado, se encontrará (en el mejor de los casos) con quienes la desean para satisfacer sus necesidades (engendradas en el estómago o en las fantasías, lo mismo da). Pero ellxs sólo pueden obtenerla si tienen en sus bolsillos, como ya hemos dicho, dinero. Si es así, la mercancía se cambiará por una determinada cantidad de dinero, por aquel que cumpla exactamente su cara-precio. Esas son las dramáticas vivencias del intercambio. Pero la vida de la mercancía no termina allí. Efectuado el intercambio, ella ha cambiado de dueño. Antes del intercambio era propiedad de su vendedor, quien sólo la poseía para intercambiarla por dinero, para venderla. Después del intercambio es propiedad del comprador, quien sólo ha dado dinero a cambio de ella, la ha comprado para poder satisfacer sus necesidades, para consumirla. Es esta la recta final de la vida de la mercancía: su consumo.

En la sociedad en la que vivimos, en general, son los capitalistas quienes comandan los ámbitos por donde transita su vida la mercancía. Y si hay capitalistas, ya lo hemos visto, es porque hay trabajadorxs asalariadxs que trabajamos para ellxs. O sea, en todos estos ámbitos hay explotación capitalista. Fundamentalmente en la producción de mercancías, en su circulación desde la cuna de su nacimiento hasta las góndolas del mercado y en su exposición allí hasta que aparezca un comprador. Repitámoslo. Cada uno de estos ámbitos los comandan los capitalistas. O sea, tienen trabajadorxs asalariadxs que trabajamos para ellxs. O sea, hay explotación capitalista. En pocas palabras, en cada uno de estos ámbitos domina la relación social capitalista. ¿Y qué pasa en la esfera del consumo? Aquí sí nos permitimos detallar. Si la mercancía que se vende es un medio de consumo, la comprará indistintamente un capitalista o un trabajador asalariadx. Si la mercancía que se vende es un medio de producción, la comprará, sin lugar a dudas, un capitalista. ¿Por qué los capitalistas compran medios de producción (ya sea para producir otro medio de producción o medios de consumo)? Porque un “buen” capitalista sólo lo es si puede volver a comandar la producción de la mercancía, si puede volver a producir un nuevo ejemplar de esa mercancía que tan exitosamente se ha vendido en el mercado, es decir, si puede reproducir la mercancía. Pero “reproducción” se dice de muchas maneras. Por eso también anotamos que un “buen” capitalista no es sólo el que logra comandar cada una de las esferas por las que pasa su vida la mercancía; no es el que se queda satisfecho una vez que se ha hecho de una suma de dinero sin haber trabajado por ella; sino aquel que es capaz de reproducir todo el ciclo vital de las mercancías. Suponiendo que un mismo capitalista sea el amo y señor de todos los ámbitos, sólo será un “buen” capitalista si, por un lado, logra reproducir una y otra vez ejemplares de su mercancía y si, por el otro, logra reproducir una y otra vez el ciclo vital de cada una de ellas. Lejos de encariñarse con algunos de estos ejemplares que encarnan su ganancia, la cual nace, como hemos visto, de la explotación de lxs trabajadorxs asalariadxs, sólo desea que pasen lo más rápido posible por todos los ámbitos una y otra vez: producción-circulación-intercambio-consumo y reproducción.  Y ya que hemos repasado la importancia fundamental que tienen lxs trabajadorxs asalariadxs para que el capitalista sea tal, digamos que un “buen” capitalista no es el que puede comprar trabajadorxs asalariadxs para producir una mercancía, luego circularla, para más tarde venderla, sino aquel que puede reproducir ese proceso. Y como hemos visto, en todos los ámbitos que domina el capitalismo hay trabajadorxs asalariadxs: algunxs produciendo mercancías y valor, otrxs haciéndolos circular, otrxs ocupados en su venta, en el intercambio. Es importante retener esto: todas estas fases son fundamentales para que el capitalista sea tal. Es tan sencillo como esto: si lo que se produce no se vende… no hay capitalista. Es por eso que el capitalismo necesita poder comandar todos esos ámbitos. Y lo hace a su modo: explotando trabajadorxs asalariadxs. Esta necesidad del capitalismo por controlar todo amerita que hagamos la siguiente distinción sobre lo que significa explotación. Por un lado y en sentido acotado, la explotación es la producción de valor y plusvalor en el ámbito de la producción de mercancías. Por otro lado y en sentido amplio, la explotación es lo que permite que los capitalistas vivan del trabajo ajeno, lo cual ocurre en todos los ámbitos (no sólo en la producción sino también en la circulación y el intercambio de mercancías) y se muestra de un modo evidente: no importa dónde trabajemos, nunca decidimos qué, cómo y para qué lo hacemos. Podemos decir, entonces, que el capitalista no sólo debe conseguir esa rara mercancías que es la fuerza de trabajo para que produzca su ganancia sino también que la necesita en todos los ámbitos de la vida mercantil.

Detengámonos en este punto crucial. Retomemos para avanzar un poco más. Lo fundamental para ser capitalista en tanto tal, sigue siendo ser capaz de comprar esa mercancía tan rara que anda dando vueltas en el mercado: la fuerza de trabajo, la gallina de los huevos de oro. Sin ella no hay posibilidad de producir valor, ni plusvalor, ni ganancia, ni renta, ni interés… Sin ella no hay mundo capitalista. Y, como hemos dicho, el capitalista logra conseguir esta mercancía pagando su precio, pagándole un salario. También hemos comentado que, como toda mercancía, la fuerza de trabajo tiene dos aspectos: valor (que en su caso es el salario) y valor de uso (que es su diferencia específica: al trabajar produciendo mercancías, crea valor). Ya que esta mercancía es -¡somos!- la más peculiar en el universo capitalista, indaguemos brevemente cuáles son las etapas de su ciclo vital…

¿Dónde vive la fuerza de trabajo?

Lxs trabajadorxs asalariadxs llevamos para vender nuestra capacidad de trabajar transformada en mercancía al mercado. He ahí su circulación. El destino (a veces esquivo) es encontrar un capitalista que quiera comprarla a cambio de un salario. He allí el intercambio de nuestra mercancía. Como ya hemos dicho, el intercambio lleva a cabo el cambio de propiedad de la mercancía del vendedor al comprador. Adquirida la mercancía fuerza de trabajo, el capitalista hará lo que corresponde al comprador: consumir su valor de uso. Y en este caso en particular, esto significa que nosotrxs trabajemos. Más allá de qué tipo de mercancía produzcamos (objetos o actividades), lo relevante es que gastemos músculos, energía, cerebro, etc., algunxs en la producción de valor, otrxs en la circulación de valor, etc. Mientras trabajamos, lxs trabajadorxs asalariadxs somos propiedad del capitalista. De allí que sea él quien decida qué producimos y cómo lo producimos. Pero podemos notar que este consumo de la fuerza de trabajo no implica, como en las otras mercancías, que el comprador disponga de ella todo el tiempo ni que la disuelva físicamente. Porque el salario nos convierte en propiedad del capitalista por un lapso determinado: 8, 10, 12 horas por día, 48 horas semanales, etc. Además, podemos ver que este consumo nos deja cansadxs, agotadxs pero no nos finiquita (aunque sea en el corto plazo…). Ambas cuestiones se encuentran implicadas en la fase de la vida de la mercancía-fuerza-de trabajo que es el consumo. Pero la cosa no termina allí. Ya hemos dicho que el capitalista no se detiene ni en el consumo, ni en la circulación, etc. El capitalista necesita que las mercancías pasen una y otra vez por todo el proceso. Necesita la reproducción. Si por él fuera, lo haría infinitamente, sin detenerse un instante. Y una vez que nuestra capacidad de trabajar se convierte en mercancía, le cabe este mismo saco.

Hemos visto la circulación, el intercambio y el consumo. Pero sabemos que el camino no se detiene allí. Y por lo que hemos dicho más arriba, ya sabemos la relación íntima que hay entre producción y reproducción. En el capitalismo la producción sólo tiene sentido si puede volver a ser producida como tal, o sea, si hay reproducción. Teniendo esto presente, nos preguntamos ¿dónde se reproduce la capacidad de trabajar? Retomemos algunas cuestiones ya vistas. El capitalista para ser tal, necesita fundamentalmente comprar la mercancía-fuerza-de-trabajo. Para esto, nos paga un salario. Lo esencial para él, es que esta mercancía que ofertamos lxs trabajadorxs asalariadxs le dé una ganancia. Y como hemos visto en el segundo boletín, el secreto de la ganancia –que no es una estafa ni un robo- es que lxs asalariadxs produzcamos más valor que el que equivale a nuestro salario. Pero al capitalista no sólo le interesa que al consumir la mercancía fuerza de trabajo, ésta produzca más valor que el de su salario, que ella trabaje más tiempo que el necesario para producir el equivalente a su salario. También le interesa que ese gasto de capacidad de trabajar se haga en objetos, en actividades concretas y particulares. Por eso es que algunxs trabajadorxs lo hacemos en el ámbito de la producción de mercancías, otrxs en la circulación, etc. Prestar atención a estos rasgos particulares de los trabajos nos llevan a observar las específicas capacidades, cualidades, etc. que debe tener la mercancía-fuerza-de-trabajo según el ámbito (producción, circulación, etc.) en el que le toque trabajar.

Un trabajo muy particular

Al vender nuestra fuerza de trabajo, ésta comienza a estar comandada por el capitalista, a éste le importa que el trabajo que aquélla realiza tenga dos efectos: en general, que produzca valor y plusvalor; y en particular, que produzca un objeto o una actividad específica. Empecemos por el final ¿Dónde adquiere sus cualidades específicas la fuerza de trabajo? En casi todos los ámbitos que transitamos desde que nacemos en este mundo capitalista: la familia, la escuela, el club, la universidad, etc. Cuando más específica es la cualidad que se requiere, sin dudas es más específica la institución que forma a la fuerza de trabajo. Biología molecular, por ejemplo, no se estudia en cualquier lado. Pero para aprender a obedecer no hace falta ir a la universidad… Eso se aprende en la familia, en el barrio, en la escuela, en el club, etc. Seguramente no es lo único que se aprende, pero la obediencia se reparte a la vuelta de la esquina. Esto con respecto al efecto particular que demanda el capitalista: la producción de un objeto o una actividad específica. ¿Y respecto de lo general, eso que no es más ni menos que la energía vital para levantarnos de la cama cada día y echarse a andar?, ¿dónde se reproduce ese gasto de energía, músculo, nervio, etc. implicado en la producción, circulación e intercambio del valor? Para llegar a ese ámbito de reproducción de la fuerza de trabajo, miremos el salario. Como hemos señalado, el valor del salario es aquel que permite reproducir nuestra fuerza de trabajo en su condición vital. El salario, en general, se traduce en lo mínimo e indispensable para poder recuperarse y volver a trabajar: la alimentación, el aseo, el descanso, la limpieza y el arreglo de la ropa, etc. Y no basta con ir comprar los alimentos, los productos de limpieza, etc. Hay que cocinar, hay que limpiar… o sea, hay que trabajar. Y qué decir si hay hijxs que criar. Todo eso engloba el llamado trabajo doméstico.

Afinemos el lápiz, ¿dónde se llevan a cabo todos estos trabajos que reproducen la mercancía fuerza de trabajo? En general, el ámbito es la propia casa. Sigamos cuestionando, ¿quiénes realizan estos trabajos para reproducir la fuerza de trabajo? En general e históricamente, el trabajo doméstico, el trabajo para reproducir la mercancía-fuerza-de trabajo, lo llevamos a cabo las mujeres en el seno de la institución familiar. Este es uno de los núcleos duros de la íntima relación entre el capitalismo y el patriarcado.

Hemos visto entonces que la reproducción de la fuerza de trabajo requiere de aspectos particulares dependientes del tipo de trabajo que sea necesario efectuar (capacitación en ingeniería, medicina, marketing, etc.), y de aspectos generales implicados en cualquier trabajo: aquello que nos permite reproducir nuestras energías para poder ser explotadxs día tras día. Y hemos mencionado que, con respecto a éstos últimos, el trabajo doméstico ejercido preponderantemente por mujeres ha sido históricamente el encargado de garantizarlos.

Nos detendremos aquí y dejaremos para una próxima entrega este último punto, con el fin de desarrollar tanto el rol que el trabajo femenino juega en la reproducción de las relaciones sociales capitalistas, como el abordaje que del mismo hacemos quienes llevamos adelante prácticas anticapitalistas.

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Continuará…



[1] En principio, no detallamos las diferencias que hay entre las mercancías que son medios de producción (como por ejemplo, una máquina que participa de la producción de otras máquinas) y las que son medios de consumo (como por ejemplo, comida, ropa, etc.)



Nodo – Colectivo de co-organización militante