La muerte y la brújula (Introducción al cuaderno de intervención Bitácora de viaje)

Yo sé de un laberinto griego
 que es una línea única, recta. En esa línea
 se han perdido tantos filósofos…
–J.L.B.

Anecdotario.

Primera anécdota: durante la clase de presentación de la esperada materia Filosofía del Derecho la cátedra no escatima precisiones y aclara que en la modalidad de cursada no hay lugar para cuestionamientos “anarquistas”, pues “obedecer es necesario”, como es necesaria la ley para el buen ordenamiento de una sociedad. Segunda anécdota: un compañero cursa Metafísica con la cátedra Rabossi y, a la vez, cursa Filosofía del Lenguaje con la cátedra Moretti. La bibliografía para ambas materias coincide tan groseramente en la matriz de cuño analítico-anglosajón, que nuestro compañero entrega la misma monografía final a ambas materias. Por supuesto, nuestro compañero aprobó cómodamente ambas cursadas. Tercera anécdota: docentes de Filosofía Política publican una serie de ensayos compilados en un libro. La contratapa del libro, firmada por Dotti, reza “la filosofía política es pensar en torno al Estado”. Cuarta anécdota: como Coloquio a presentar en Filosofía de la Historia, un compañero prepara la relación entre memoria y desapariciones durante la última dictadura militar. El profesor Brauer envía a Examen Final al compañero y le recomienda preparar “un tema más filosófico”.

Intencionario.

Percibimos, al menos, una línea de filiación entre las anécdotas, línea que ostenta una función específica entre las operaciones que constituyen la subjetividad estudiantil universitaria: restringir las posibilidades del pensamiento, limitar el ámbito de su incumbencia, despotenciarlo, de modo que contribuya a la perpetuación de un statu quo, a la legitimación de un orden de cosas. Claro que esto no se da en armonía monocorde, pero en líneas generales y en relación respectiva a las anécdotas: primero, no se puede pensar el Derecho más allá de la ley y el orden: la política se da en el seno de las instituciones, en el sistema de lo constituido. Segundo, no se puede pensar la metafísica más allá de la filosofía del lenguaje (reducida ésta a su vez a la analítica de los enunciados): la comunicación como horizonte trascendental de toda experiencia, la política como efecto de juegos dialectales que, en última instancia,  están regulados por un mercado de lenguas (Richard Rorty). Tercero, no se puede pensar la política más allá del Estado: la política está subordinada al parlamentarismo, a la representación, y cualquier intento de sustracción a esta lógica es totalitario. Y cuarto, no se puede pensar la historia más allá de lo inmaculado académico: la filosofía no se ensucia las manos, la sangre y la mierda son accidentes de la pasión, no de la razón.

Derrotero.

Podemos pensar que la carrera de Filosofía se nos presenta como un complejo de docentes, estudiantes y otras instancias burocráticas de gestión estatal (programas de estudio, división claustral, voto calificado, etc.) que componen un estado de dominio. En este estado de dominio hay lo posible, que no es lo dado sino lo que puede suceder, lo que puede tener lugar en un estado de dominio. Lo posible es finito numéricamente, pero siempre excede el número de movimientos de lo real: hay más posibles que reales. También podemos definir lo real como la reducción de los numerosos mundos posibles a un único mundo real basado en la semejanza. Lo posible es así lo predecible, la repetición de lo mismo.

La reducción del pensamiento filosófico a un campo acotado políticamente (Derecho, Consensualismo, Representación, Objetivismo…) produce una subjetividad que consagra ese posible, concibiéndolo únicamente como lo siempre semejante. Lo posible se le presenta a esta subjetividad como legalidad de lo dado, esto es, un procedimiento subjetivo que conocemos por varios nombres: naturalización de lo social, teologización de lo humano, aceptación de los efectos por las causas… pero el núcleo del concepto es más o menos el mismo: se supone una Ley Universal y Necesaria, un orden apodíctico, absoluto y definitivo de lo dado que adquiere así la apariencia de un “esto es todo, amigos”. Políticamente, se trata de una clausura a nuevos posibles.

Entrenamiento.

Sin embargo las metamorfosis, los encuentros inesperados, las irrupciones de lo efímero, los actos de creación e imprevisible novedad, vamos, las alteraciones, existen, acontecen. Ahí está el cuaderno Ateraciones/01 difundiendo experiencias de ruptura de la normalidad académica. Por eso invocamos un tercer término, porque tenemos lo posible y lo real pero ellos dos no pueden dar cuenta de las rupturas. Hablaremos entonces de lo virtual.

Lo virtual es un conjunto infinito de fuerzas, una potencia caótica que engendra lo imposible, lo que no puede tener lugar en un estado de dominio, lo u-tópico para la legalidad inmanente de lo dado. Así, pues, se trataría de explorar el umbral que habilita lo diferente y no lo idéntico de una situación. Esa exploración sería la experiencia de las modificaciones por las que lo virtual empuja sobre los límites de lo posible para alcanzar lo real. Esa exploración sería un pensar-hacer los senderos imposibles que producen lo inesperado, empezando por cartografiar las líneas que fugan de la estructura entre las posiciones de lo posible. Por ejemplo, cartografiar la carrera de Filosofía: los diferentes recorridos de las comisiones de prácticos (esto es hacer además un corte transversal a las cátedras), sus accidentes, sus callejones sin salida, los encuentros que favorecen… Se tendrían en cuenta aquellas comisiones que habilitan devenires de intervención política afines a un activismo de emancipación y aquellas que, al menos, se dejan habitar por un pensamiento más allá de los parámetros hegemónicos arriba mencionados. Y a partir de esa cartografía presionar sobre los bordes de lo posible, porque aunque virtualmente lo imposible sea real, la actualización de lo imposible corre siempre por nuestra cuenta. Pensar entre los términos, grupos o posiciones de un orden de dominio. Pensar lo imposible: ése es el vehículo de la posibilidad.

 Lo geográfico y lo universal

Estas líneas intentan, por tanto, la descripción de un particular concreto, descripción que, como toda cartografía, no refleja lo real sino que lo traspone a un lenguaje, a una nomenclatura diferente: aquella que sirve a los deseos e intereses de los viajeros y navegantes. ¿Puede acaso ser filosófica esta propuesta? Recordamos los canónicos señalamientos de Aristóteles: no hay ciencia de lo individual; la filosofía es conocimiento de lo universal, y de lo más universal. Sin embargo… sospechamos que todo universal tiene su cuerpo, que todo universalismo tiene su casa y su cocina, y que toda filosofía que se limite a la exposición de un saber absoluto y clausurado, renuncia a una reflexión filosófica anterior y más fundamental: por qué sucede lo que sucede, cómo ha llegado a ser lo que es. Por eso, abordamos ahora una situación particular (la carrera de filosofía), como parte de una máquina social de formación (la facultad de filosofía y letras), que es a su vez un punto o nodo dentro de una red político-institucional (la UBA, el sistema de educación superior, el sistema educativo…).

Tal propuesta continúa, de otro modo, las reflexiones del cuadernillo Alteraciones/01. Por ello, antes que nada, es necesario señalar que el terreno que aquí describimos no es un espacio fijo e inmutable, dado de una vez y para siempre; por el contrario, siempre está mutando, y su configuración actual es el resultado de movimientos encontrados, de avances del poder académico pero también de resistencias internas, encarnadas durante años por muchxs estudiantes y docentes. ¡Cuánto más uniforme y homogéneo sería el espacio de la carrera, si no fuera por tales movimientos de resistencia, que han logrado consolidar y expandir un archipiélago de prácticos y teóricos en los que se ejercita un pensar que rompe con la transmisión monocorde del saber académico legitimado (clausurado, analítico, siempre liberal)!

Sirvan a otrxs estas páginas, al menos, a modo de cuaderno de viaje… relato de una experiencia… brújula académica…

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