El malestar en la carrera (Introducción al cuaderno de intervención Parcial domiciliario de la Carrera de Filosofía)

¿En qué se parecen cierta anómala divergencia entre dos cátedras de la carrera de Historia, cierta anómala seguidilla de mails en una materia de la carrera de Letras, cierto anómalo episodio en una clase teórica sobre Michel Foucault y cierta anómala intervención  de un profesor en la carrera de Filosofía? Así dicho, las únicas notas de semejanza entre esas situaciones son el edificio (Puán 480) en cuyo interior éstas componen la vida cotidiana de una universidad y el carácter que aquí deliberadamente suponemos “anómalo” de cada una de ellas. Acerquemos un poco la lupa, así comprobamos qué hay de anómalo en esas situaciones.

En primer lugar, la “divergencia” entre dos cátedras de la carrera de Historia tiene casi todos sus intereses puestos1 en qué contenidos informan la currícula de la materia y quién (es decir, desde qué posición política tomada) realiza ese recorte, es decir, el problema desnuda el carácter político de los criterios de selección y evaluación del conocimiento. En segundo lugar, la seguidilla de mails en una materia de la carrera de Letras tiene como eje de la discusión qué grado de socialización de los contenidos curriculares aprehendidos es posible dentro del régimen de acreditación vigente o, para decirlo con otras palabras, se discute el sistema de apropiación y calificación del conocimiento.  En tercer lugar, el episodio en la clase teórica sobre Michel Foucault pone de relieve las relaciones de poder establecidas y sostenidas en y por el dispositivo del aula en torno a los contenidos curriculares, es decir, expone la peculiar configuración política que organiza el conocimiento en ese átomo académico que es el aula. Y por último, la impronta de la excelencia académica marcada por el monologo del docente, tomando el espacio del aula como fuente de legitimación de determinada práctica política institucional. Pero todavía no hallamos el quid de la cuestión: ¿por qué se dio una situación anómala?

Toda situación normal se constituye sobre la base de un olvido, de una desaparición, de un sacrificio, de un crimen. La situación normal no puede “ver” su olvido porque tal olvido es necesario para el normal funcionamiento de la situación (por eso cabe decir que hay un “olvido del olvido”). Lo anómalo de las situaciones señaladas se da porque se ha tocado algo que introduce la contradicción en cada situación. Digamos: si los criterios de organización de una cátedra son políticos, ¿por qué ignoramos esos criterios?; si la producción de conocimientos es colectiva, ¿por qué la apropiación de esos conocimientos es individual?; si las relaciones de poder en torno al conocimiento nos perjudica, si nuestra voz depende de la demarcación de espacios legítimos por parte de un docente que se autolegitima en su discurso y en sus prácticas ¿por qué sostenemos y reproducimos esas relaciones?. Hay algo allí que al ser señalado o meramente sugerido pone en riesgo la estabilidad de un cierto orden de cosas. Un cadáver en la alacena de la academia. Y tal vez sea que la universidad reposa sobre la responsabilidad común de un crimen colectivo: la apropiación privada de los saberes sociales.


[1] Decimos ‘casi todos sus intereses’ porque no sólo está en juego un capital simbólico, hablamos aquí de rentas, becas, subsidios para proyectos de investigación y otros recursos materiales.

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