El problema de la «democratización» en la UBA

Dos aclaraciones:

El siguiente documento fue redactado como insumo para el debate en la Comisión por la democratización de las instancias de gobierno de la UBA. Quienes redactamos este insumo participamos también en el Nodo (Colectivo de co-organización militante), cuyo documento de presentación puede leerse en http://www.nodocoorganizacion.com.ar. La Comisión por la democratización… nació por impulso de la asamblea de la Facultad de Filosofía y Letras del 21 de septiembre de 2010, en el marco de la lucha por una serie de reivindicaciones entre las que destacamos tres: construcción de un edificio (integrado al existente) en el lugar que ocupa el estacionamiento, defensa de la educación pública y gratuita, aumento del presupuesto financiero destinado a educación.

En las primeras reuniones de esa comisión fuimos promoviendo la escritura de undocumento siguiendo el acuerdo de trabajar sobre tres ejes problemáticos:

(i) realizar un análisis crítico de la estructura de gobierno de la Universidad de Buenos Aires (a este eje pertenece el insumo que hoy presentamos como «El problema de la “democratización” en la UBA»);
(ii) destacar y explicar aquello que consideramos son alternativas positivas a las formas de organización imperantes: algunas más instituidas, otras más incipientes, integran una plétora de experiencias que abarca desde las cátedras paralelas hasta la forma-asamblea, pasando por los circuitos de contrainformación, las publicaciones autogestionadas y las comisiones de trabajo;
(iii) pensar críticamente las formas de organización del movimiento estudiantil, teniendo presente la experiencia histórica acumulada, explorando sus límites y alcances.

En el momento en que se terminó de escribir el documento (labor realizada casi totalmente a través del grupo de mails de la comisión), varixs compañerxs plantearon en la siguiente reunión que no se había debatido lo suficiente para publicarlo como documento de la comisión y, por lo tanto, era necesario ir más despacio en los debates colectivos y se empezó a trabajar con otros escritos.

Respetando ese acuerdo colectivo, seguimos participando (algunxs hasta el presente) de las reuniones de la comisión, pero, a su vez, empezamos a considerar la publicación de este documento escrito por nosotrxs para que su circulación funcionara como insumo a los debates que se están dando en torno a la democratización, tanto en la mentada comisión como en el resto de la universidad. Por ello, comentándolo en la comisión y retomando únicamente nuestros aportes al documento trabajado, decidimos difundirlo como estudiantes en el Nodo (Colectivo de co-organización militante), puesto que consideramos que el problema expuesto a continuación es de vital importancia para el debate y la organización a favor de una transformación emancipatoria de la universidad.

La segunda aclaración es la siguiente: el documento que presentamos tiene poco y nada de original. Es una recopilación sistematizada (bah, un «copiar y pegar» ordenado, con leves modificaciones) de fuentes que nos permitieron abordar el problema de la democratizaciónsin necesidad de estar «inventando la rueda a cada rato». Esas fuentes son:

- El libro UBA Factory. Reestructuración capitalista y lucha de clases en la Universidad de Buenos Aires (1992-2006), editado autogestivamente por el colectivo Más Qué un Nombre, la revista Dialéktica y el Colectivo de estudiantes de filosofía en el año 2007. El libro completo se puede bajar de: http://divisioncolor.com.ar/descargas/uba_factory.zip

- «La Pirámide UBA (Por qué decimos que la forma de la representación es antidemocrática)», documento publicado el 21 de septiembre de 2010 por Revocables… (Minoría estudiantil en la Junta Departamental de la Carrera de Filosofía – UBA, durante el
período 2008-2010). http://www.revocables.com.ar, http://revocablesfilo.blogspot.com

- «Apuntes para y hacia un balance político-estructural del Primer Encuentro Nacional de Estudiantes de Filosofía (La Plata – Agosto 2006)», publicado en Amartillazos (año i, núm. 1, 2007, pp. 103-13) por el Colectivo de estudiantes de filosofía. Puede leerse y bajarse dehttp://revistaamartillazos.blogspot.com/

- «Llamamos comunismo…», publicado en Amartillazos (año iii, núm. 3, 2009, pp. 185-96). Puede leerse y bajarse de http://revistaamartillazos.blogspot.com/

- «Crítica a la fundamentación de la metafísica de las costumbres (Sobre la selección interna de Metafísica y sus condiciones políticas)», décimo boletín Revocables…, agosto 2010. http://www.revocables.com.ar, http://revocablesfilo.blogspot.com

Esteban V. Da Ré, Lucila Degiovannini, Bettina L. Fratta,
Laura Pérez, Mariano A. Repossi, Javier Riggio,
integrantes del Nodo (Colectivo de co-organización militante).
9 de abril de 2011.

http://www.nodocoorganizacion.com.ar

Documento:
El problema de la «democratización» en la UBA

0. El problema del problema

Es sabido que la manera en que se plantee un problema condiciona la manera en que se planteen las soluciones. Con otras palabras: la forma de una pregunta problemática determina el espectro de las respuestas posibles.

Para el caso que nos convoca, pensar el problema de la democratización en términos de «mejorar las representaciones», «cambiar la proporción de representatividades», «modificar el número de representantes», «representar “bien” o “mejor” a tal o cual conjunto de personas», deja incuestionada la representación política, mediante la cual no deliberamos ni gobernamos sobre nuestras propias vidas con otros, sino que los que deliberan y gobiernanson los representantes.

Entonces, para ilustrar el concepto que pondremos a consideración colectiva con el nombre «democratización», queremos mostrar cómo se organiza el gobierno de la Universidad de Buenos Aires.

1. La pirámide del co-gobierno

Según el Título V del Estatuto universitario, «Del gobierno», el gobierno de la UBA tiene unaestructura piramidal de «poder descendente» (máximo poder en la cúspide, mínimo poder en la base) conformada por:

1. A la cabeza:
la Asamblea Universitaria (AU).
2. Le sigue de cerca: el Consejo Superior (CS).
3. Luego, una función de desempeño individual: el Rector.
4. Por debajo están los Consejos Directivos (CD) de cada Facultad.
5. Y, finalmente, tenemos otra función individual: los Decanos de cada Facultad.

Como puede notarse, faltan las Juntas Departamentales (JD). Y es que según el Título V, «Del gobierno», las JD no figuran ni a los premios. De hecho, el término «junta departamental» no aparece en todo el Estatuto sino como «dirección del departamento». Según el Estatuto de la UBA, la JD no gobierna, sino que dirige las funciones que corresponden a todo el departamento:

Los departamentos mantienen la cooperación científica y de material de enseñanza y de bibliografía entre las cátedras que los forman. A través de los departamentos se coordina la enseñanza, se orienta la realización de trabajos de investigación y de seminario y se organizan cursos de extensión o perfeccionamiento. La dirección de departamento está sujeta a renovación periódica, en conformidad con las reglamentaciones que las Facultades proponen al Consejo Superior de la Universidad. [Art. 4º]

Los departamentos aparecen en el Estatuto bajo el Título I, «De las Facultades, las escuelas, los departamentos, la enseñanza y la investigación». Esto es interesante porque pone de relieve la separación entre lo político (Título V, «Del gobierno») y lo académico, como si las decisiones que se toman en los departamentos, escuelas e institutos respondieran al «amor a la verdad» y no a intereses de todo tipo (entre los que puede figurar el amor a la verdad) .Pero veamos: las tareas de la JD (que se encuentran detalladas en el Art. 5º   del «Reglamento de composición, funciones y gobierno de los departamentos docentes») son, básicamente, asignar funciones a los docentes, programar el calendario académico (oferta de materias y de horarios), proponer jurados para concursos, socializar la información y atender sugerencias y requerimientos de cualquier miembro de los tres claustros. Tal como corroboramos día a día, pese a las distinciones que haga el Estatuto y en consecuencia de las contradicciones en que incurre, la sustancia de las JD es eminentemente política, en tanto las distintas«cooperaciones» y «coordinaciones» que postula el Estatuto en el Art 4º, junto con las funciones que asigna el Art. 5º, no son más que formas de organizar la producción del conocimiento. De manera que, a pesar de tratarse de un órgano definido como «asesor» o «consultivo» con respecto al Consejo Directivo (CD) y al Decano (análogamente a la función que cumple un ministro), los Departamentos hacen política minuto a minuto (análogamente a como la hace un ministro).

La pirámide, a su vez, expresa la división de los universitarios en tres claustros: Profesores, Graduados y Estudiantes. Pertenecen al claustro de Profesores quienes ostentan el cargo de Titular, Adjunto o Asociado. Al claustro de Graduados, quienes ostentan el cargo de Ayudante de Primera o Jefe de Trabajos Prácticos (JTP), es decir, quienes se han recibido e integran alguna cátedra en calidad de docentes y/o investigadores. El claustro de Estudiantes está integrado por todos los que no se han recibido, incluyendo a algunos docentes, que son los Ayudantes de Segunda. Esto muestra, además, que la diferencia entre «Profesor» y «docente» no es técnica, sino, asimismo, política: todo miembro del claustro de Profesores es docente, pero no todo docente pertenece al claustro de Profesores. De hecho, la abrumadora mayoría de los docentes de la UBA no pertenece al claustro de Profesores. Y, a medida que se asciende en la estructura piramidal, el poder de decisión del claustro de Profesores tiende a ser absoluto, mientras que el del claustro de Estudiantes tiende a ser insignificante. Veámoslo en números:

Cada Junta Departamental (por carrera) tiene 11 miembros: 1 Director, 4 representantes deProfesores, 3 representantes de Graduados, 3 representantes de Estudiantes. Profesores ostenta el 40% del poder de decisión.

Cada Consejo Directivo (por Facultad) tiene 17 miembros: 1 Decano, 8 representantes de Profesores, 4 representantes de Graduados, 4 representantes de Estudiantes. Profesores ostenta aquí el 50% del poder de decisión, y en caso de empate desempata el Decano.

El Consejo Superior (de la UBA) tiene 29 miembros: 1 Rector, 13 Decanos, 5 representantes de Profesores, 5 representantes de Graduados, 5 representantes de Estudiantes. Profesores ostenta aquí el 64% del poder de decisión.

A estos números cabe agregar que, salvo rarírisimas excepciones, los representantes del claustro de Graduados trabajan como «punteros políticos» del claustro de Profesores. Ora sosteniendo las cátedras con su esfuerzo cotidiano en las aulas, ora impidiendo discutir la dinámica de cursada, sus contenidos y formas de evaluación, ora aconsejando directamente a los estudiantes acerca de «a quién tienen que votar en las próximas elecciones de JD», ora apoyando las propuestas del claustro de Profesores. De manera que a los porcentajes de poder de decisión que detallamos conviene, a los fines de tener una mirada más adecuada a lo que sucede cotidianamente, agregar los porcentajes correspondientes al claustro de Graduados.

La «Pirámide UBA» expresa que la producción del conocimiento llamado «científico» o «académico» se organiza a partir de la jerarquía y la representación. Jerarquía que justifica la desigualdad política (en la toma de decisiones) a partir de una diferencia enciclopédica (líneas acumuladas en el CV). Y representación que justifica la existencia de profesionales de la política a partir de una división del trabajo que deja las decisiones en manos de «los que saben».

Pero los claustros no han sido paridos por la madre naturaleza. Si existen es porque son productos de un proceso de producción de claustros que, lejos de identificarse con las elecciones periódicas (reproducción y conservación del statu quo, es decir, de los claustros y la institucionalidad vigente), o con la esporádica efectivización de concursos regulares (movilidad del claustro de graduados al claustro de profesores), o con el momento de aprobar el último final o de defender la Tesis (movilidad del claustro de Estudiantes al claustro de Graduados), rebasa todas estas instancias para actualizarse y ejercitarse a toda hora y en todo lugar constituyentes de la vida cotidiana universitaria.

En el camino de abordar esto último debemos dejar la expresión del modo de producción en los órganos de gobierno y pasar a desarrollar la otra cara de la moneda: la «cadena de montaje» de la UBA, esto es, la forma-cátedra. Sólo desde allí podremos explicitar la dimensión total del problema de la democratización.

2. La estructura de cátedra, «cadena de montaje» de la universidad

En primer lugar, la estructura de cátedra es un tipo de organización del conocimiento doblemente jerarquizada. Jerarquizada según cargo: Titular, Asociado, Adjunto, Jefe de Trabajos Prácticos, Ayudante de primera y Ayudante de segunda. Y jerarquizada según las
llamadas «dedicaciones»: exclusiva, semi-exclusiva, simple. (Nota: la «dedicación» se refiere a la cantidad de horas semanales que se debe trabajar: 40 horas semanales si se tiene dedicación exclusiva, 20 horas si la dedicación es semi, 10 horas si es simple o «parcial»). En la combinación de estas dos series jerárquicas se obtiene la remuneración salarial de cada docente. Los docentes designados «ad honorem» trabajan en condiciones pre-capitalistas,«por el honor», esto es: gratis.

En segundo lugar, la estructura de cátedra expresa un tipo de relación de poder basada en la reducción del conocimiento a los estrechos márgenes del saber considerado «académico» o «científico», es decir, a un tipo de saber pasible de ser traducido, cuantitativamente, en currículum (cargos, títulos, posgrados, congresos, experiencia docente, publicaciones –con o sin referato–, becas, proyectos de investigación, maestrías, etc.). Esta restringida concepción acerca del conocimiento es el fundamento del poder/saber descendente que preside todas las instancias universitarias, tanto las de gobierno como las de cursada: el poder/saber, concentrado en una cúspide –de autoridad política, de remuneración salarial y de prestigio académico–, se ejerce sobre una extensa base constituida por los miembros del claustro de estudiantes, quienes son considerados «desposeídos» de ese  poder/saber. Esta lógica explica y justifica, por ejemplo, que los programas de las materias sean redactados de cabo a rabo por miembros del claustro de profesores. Docentes auxiliares y estudiantes no podemos hacer más que someternos a esos programas o, a lo sumo, señalar posibles modificaciones o «parches» a programas ya confeccionados.

En tercer lugar, cada cátedra es defendida por sus integrantes como un espacio aislado del conjunto, entendiendo la «libertad de cátedra» como independencia del conjunto de la producción social. En virtud de esta «libertad liberal» sustentada en el supuesto de que el individuo precede a la sociedad, los acuerdos ideológicos (que proyectan a mediano-largo plazo) y las redes clientelares (que buscan satisfacer intereses inmediatos) agrupan a los miembros de las cátedras en «camarillas». Las camarillas configuran los mecanismos de control sobre nombramientos, rentas, concursos, investigaciones, becas, posgrados, publicaciones en todos los niveles, etc. En otras palabras, el régimen de camarillas controla los aspectos fundamentales de la «carrera académica». Aspectos que funcionan, en su lógica, como moneda de cambio que permite la acumulación de poder, el canje de favores y el tejido de alianzas.

Claro que la repartija de estos valores de cambio –capital simbólico, recursos materiales y poder político– no comienza en las cátedras: termina en las cátedras. La «torta» de símbolos, dinero y poder empieza a repartirse, siempre, en los órganos de gobierno de la universidad.

3. El voto calificado y la propiedad del saber académico

Cada carrera de la Facultad de Filosofía y Letras (Artes, Bibliotecología, Antropología, Edición, Educación, Filosofía, Geografía, Historia, Letras) tiene una Junta Departamental (JD) bajo cuya jurisdicción se encuentran el personal docente, los adscriptos a cátedra y los estudiantes de la carrera correspondiente. Las elecciones se realizan cada dos años, que es lo que duran los mandatos de los representantes. Hay representantes por la mayoría y por la minoría, según la cantidad de votos obtenidos. Pero atención: no se vota como en cualquier democracia alentada por el imaginario burgués de la Revolución Francesa, donde un ser humano adulto equivale a un voto. Se vota según la «natural» jerarquía establecida por la división en claustros (algo similar a lo que ocurría en la Edad Media). De manera los porcentajes de «poder de decisión» de los representantes que detallamos más arriba suponen el «voto calificado».

Tomamos como ejemplo la carrera de Filosofía, pero invitamos a hacer las cuentas con cualquier elección por carrera, o bien con  cualquier elección por Facultad, para demostrar que el ejemplo no agota el concepto que ilustramos. Siendo minoría los miembros del claustro de Profesores (en Filosofía son alrededor de 35), sus representantes tienen más poder que los representantes del claustro de Graduados (que cuenta con unos 170 miembros) y que los representantes del claustro de Estudiantes (que cuenta con unos 1.400 miembros). En este caso, voto calificado significa que el voto de los miembros del claustro de Profesores vale mucho más que el voto de los miembros del claustro estudiantil: en las elecciones de JD de 2008 votaron 1.529 integrantes del Departamento de Filosofía. Del claustro de Profesores votaron 21 miembros. O sea que con esos 21 votos los representantes del claustro de Profesores asumen el 40% del poder de decisión en la JD. Y como el 40% de 1.529 (total de votantes) es 611, entonces por regla de tres simple podemos calcular que cada voto de un miembro del claustro de Profesores equivale a unos 29 votos del total. O, desde otra perspectiva, si los representantes del claustro estudiantil asumen el 30% del poder de decisión en la JD, entonces el voto de cada uno de los 1.346 estudiantes (88% del total) que votaron equivale a un tercio (1/3) de voto (del total de votos).

La división entre «los pocos» propietarios del saber/poder y «los muchos» desposeídos de él, es un mosaico de la división sobre la que se sostiene todo el sistema capitalista: división del Trabajo en trabajo intelectual y trabajo manual, o entre los que dicen y los que hacen, o entre los que saben y los que ignoran, o entre los que deliberan y los que ejecutan, o entre los que explican y los que comprenden, o entre los que hablan y los que escuchan, o entre los que deciden y los que acatan, o entre los superiores y los inferiores. Esta concepción del mundo, que asume la división manual/intelectual, es la que sustenta el voto calificado: a mayor saber acreditado, mayor representación política. Es decir, la división manual/intelectual provee un fundamento filosófico para una práctica política que no puede menos que terminar en tecnocracia: «que gobiernen los que saben». En el Consejo Directivo de la Facultad de Filosofía y Letras, por citar otro ejemplo, 8 (ocho) consejeros-Profesores representan a unos 200 (doscientos) miembros del claustro de Profesores, mientras que 4 (cuatro) consejeros estudiantiles representan a más de 11.000 (once mil) miembros del claustro de Estudiantes.

4. El aula es la política por otros medios

Se sabe que la universidad estatal considera su carácter «público» como uno de sus atributos más preciados. Pero también se sabe que la sociedad capitalista oficia un recorte evidente sobre este carácter. Son los menos quiénes pueden acceder a una instancia de educación superior, por más «gratuita» o «pública» que sea. La sociedad capitalista lleva a cabo un eficiente primer proceso de selección.1

La universidad no es una institución separada del conjunto de las relaciones sociales capitalistas, sino que, por el contrario, se inserta en ellas y cumple unas funciones específicas en su reproducción. Creemos, por lo tanto, que no hay que preguntar por la relación entre la universidad y las relaciones sociales de producción, sino por el lugar de la universidad en el seno de las relaciones sociales de producción. Sin embargo, la universidad opera, mediante sus propias condiciones, sobre aquel primer proceso, desarrollando un segundo proceso de selección. Expliquemos esto.

Hemos visto cómo tanto los órganos de co-gobierno como la (re)producción del conocimiento en la universidad a través de la forma-cátedra se vertebran a partir del poder/saber ejercido verticalmente, al modo pre-moderno. Pero este modo feudal de la vida universitaria tiene diferencias con aquel modo de vida predominante en Europa antes del nacimiento del capitalismo. La sociedad feudal, una vez instituida, se mostraba naturalmente inmodificable. Los hijos de la nobleza, serían naturalmente nobles, los hijos de los campesinos, naturalmente campesinos. La selección operaba allí de una vez y para siempre. (Sabido es que esta momificación social sólo pudo ser quebrantada por procesos revolucionarios. Quién tenga oídos, que oiga.)

En la universidad no sucede así: los claustros no existen por designio divino o natural, sino que todos comenzamos perteneciendo al claustro de Estudiantes. Hasta acá se acepta la «movilidad» claustral. Pero las condiciones de esa movilidad son condiciones de selección y acá estriba el ya mencionado segundo proceso de selección. Un primer aspecto de esta selección segunda es su máxima visibilidad en los momentos de transición entre un claustro y otro: por un lado, terminar la carrera de grado es el paso del claustro de Estudiantes al claustro de Graduados; por otro, el llamado a concurso regular (no nos detenemos aquí en lo esporádico y extraordinario de este paso) para ocupar un cargo que habilita a un miembro del claustro de Graduado para formar parte de la élite: el claustro de Profesores. Un segundo aspecto de este proceso sólo se nos muestra a partir notar otra diferencia entre la organización universitaria y la naturalidad feudal; un aspecto todavía más sustancial que la mentada  movilidad: la temporalidad del proceso de producción-selección. Si en la sociedad feudal hablábamos de un tipo de selección que operaba «de una vez y para siempre», para el caso de la universidad tenemos que decir que la selección opera siempre, constantemente, sin descanso, a toda hora y en todo lugar. Este aspecto seleccionador es menos visible y evidente que el anterior (la movilidad de un claustro a otro), pero es más esencial. Porque la movilidad claustral lo supone y se recorta sobre él. Dicho de otro modo, los eventuales pasos de un claustro a otro, por concurso o graduación, sólo son posibles por y operan sobre el proceso de selección infatigable que constituye la cotidianeidad universitaria.

Por ello, si la cátedra es la cadena de montaje de la universidad, entonces la unidad de producción es el aula bajo la «forma-clase». La forma-clase es conocida por todos nosotros desde los niveles iniciales de la educación formal. Consiste, básicamente, en un teatro con dos roles: un rol singular (docente) que ostenta el monopolio del saber y la legitimación de la palabra, y un rol plural (estudiantes) que escucha y almacena la mayor cantidad de datos que le sea posible. La forma-clase separa a los estudiantes de su capacidad para producir, colocando el comando de la producción fuera del alcance de los productores. ¿Qué caracteriza a la producción académica típica? ¿Cuáles son sus mecanismos de selección? La escritura individual, el abordaje de problemas predeterminados (no elegidos por quienes escriben), la evaluación exterior y también individual de lo escrito, y –lo que para nosotros es la médula del problema– el silenciamiento de la mediación política constitutiva del pensamiento. Detengámonos en esto último.

La forma-clase separa el trabajo con conocimientos de su dimensión política, esto es, del hecho de que el trabajo bajo la forma-clase está organizado de un modo específico. Un modo que legitima, como vimos más arriba, una forma de gobierno específica. Con lo cual nos hallamos, en el corazón de la academia (el aula), frente a una paradoja inherente al sistema académico: la organización del conocimiento instituye una organización política; sin embargo, en el aula, el conocimiento aparece como neutral y aséptico, ajeno a su intrínseca politicidad. La forma clase nos separa de nuestra capacidad de discusión y participación política, proponiéndonos trabajar como si la producción de conocimiento no fuera una producción políticamente situada y regida. De este modo, el principio de la «autonomía universitaria» (según el cual ningún gobierno de turno puede inmiscuirse en las decisiones tomadas por los órganos universitarios de gestión) supone que las decisiones que se toman en la universidad son meramente académicas y que, por lo tanto, no existe ninguna mediación política en sus mecanismos. Pero decimos que la autonomía universitaria es una institución estatal y, en tanto tal, es relativa a la dinámica de la lucha de clases.

Y decimos que, según venimos exponiendo, la misma forma en que se organiza la universidad es desde ya una forma de organización política, estatal, capitalista, de la producción de conocimiento, basada en la representación y en la jerarquización del poder/saber. La representación implica la delegación de nuestro poder en unos representantes que toman decisiones en función de sus propios intereses o los del grupo al que pertenecen. La jerarquización del conocimiento implica una participación desigual en las instancias de decisión y producción. La representación y la jerarquización separan a los sujetos de su capacidad de decisión y de discusión políticas, es decir, nos separa de nuestra capacidad para gobernar nuestras propias vidas. Por lo tanto, la democratización de la universidad no puede ser entendida simplemente como aumento de la representación por parte de alguno de los claustros. La naturaleza de la universidad no cambiará porque sus órganos de gobierno se compongan de igual cantidad de miembros de los tres claustros, o de una mayoría de miembros de uno de los tres claustros (profesores, graduados, estudiantes), ni de miembros pertenecientes exclusivamente a uno solo de los tres claustros (sea cual fuere). Democratización ha de ser entendida fundamentalmente como un hacernos cargo de la organización de la producción entre todos los directamente involucrados en la producción, incluyendo a los trabajadores de mantenimiento de la universidad.

1 Como una pequeña muestra de esta vinculación entre la sociedad y las universidades, ver: http://www.clarin.com/sociedad/educacion/Cayo-cantidad-universitarios-clase-baja_0_347365307.html

Octubre de 2010.

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