Declaración a propósito del pedido de renuncia a las autoridades de la Junta de Antropología, designaciones, rentas y escenarios que no cambian


Igual que en un escenario
Finges tu dolor barato
Tu drama no es necesario
Ya conozco ese teatro
Fingiendo,
Que bien te queda el papel
Después de todo parece
Que es esa tu forma de ser
Yo confiaba ciegamente
En la fiebre de tus besos
Mentiste serenamente
Y el telón cayó por eso
Teatro,
Lo tuyo es puro teatro
Falsedad bien ensayada
Estudiado simulacro
Fue tu mejor actuación
Destrozar mi corazón
Y hoy que me lloras de veras
Recuerdo tu simulacro
Perdona que no te crea
Me parece que es teatro
Teatro,
Lo tuyo es puro teatro
Falsedad bien ensayada
Estudiado simulacro
Fue tu mejor actuación
Destrozar mi corazón
Y hoy que me lloras de veras
Recuerdo tu simulacro
Perdona que no te crea
Me parece que es teatro
Perdona que no te crea
Lo tuyo es puro teatro
 La Lupe
 
Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie. ¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado… una de esas batallas que se libran para que todo siga como está.
Giuseppe Tomasi di Lampedusa, El gatopardo
 
 
Parecía que el año empezaba bien, pero dos situaciones que replican otras que se dan todo el tiempo en varias de las carreras de la facultad desataron un temporal.
¿Tanto lío por una renta?
La hacemos corta: Algunas ayudantes recibieron sendas rentas, que había quedado vacante en la cátedra donde se desempeñan, otorgamiento que se hizo en el consejo directivo sin discutirse en junta, priorizando que la renta quedase dentro de la cátedra, como a menudo se procede dentro del departamento de antropología. El conflicto se originó en la diferencia de criterios en cuanto a la asignación de rentas para ad-honorem: la antigüedad de los docentes en el listado de ad-honorem del departamento o la conservación de una renta al interior de una cátedra. A esto se agrega el mecanismo de decisión: cuándo y porqué las asignaciones de rentas se discuten en la junta.
Los criterios establecidos, los criterios implícitos, los criterios ad-hoc, los usos y costumbres al respecto por parte del departamento y la junta de antropología, los intereses de cada claustro, las preferencias ocasionales de todo tipo: todo se dirime allí en la letra pequeña del código y la reglamentación virtual pero efectiva en la práctica. En el ocultamiento de las mezquindades para elegir cuál trabajador tiene prioridad para recibir su salario, y correlativamente, en la denuncia de la anomia en la academia se gastan muchas palabras, que corren tras el defecto y se dejan correr por un denunciómetro, el cual permanece convenientemente apagado mientras la normalidad normaliza y quedan todos contentos, o mientras el/la afectado/a no levanta la perdiz, o mientras la injusticia cometida no sea lo suficientemente convocante para dar inicio a la ‘lucha’. Las cátedras funcionan como un organismo cerrado, privatizado, enclaustrado y jerarquizado,  donde cada quien procura cuidar su silla. En la cotidianeidad de la burocracia de cátedras, la reglamentación no escrita y la interpretación de la existente, se multiplica en criterios diversos y cambiantes para tal o cual, que hacen que el derecho de algunos trabajadores sea más derecho que el de otros por una coyuntural disposición orgánica de posiciones en la academia.
¿Tanto lío por un nombramiento?
Se abre un registro de aspirantes para cubrir un cargo de JTP y uno de ayudante de primera. La comisión evaluadora de la junta departamental se divide en dos y elabora dos dictámenes con órdenes de mérito diferentes, la junta resolvió por mayoría elevar ambos dictámenes al consejo directivo. El consejo decide no renovar el cargo a quien lo ejercía en la cátedra cuando fue designado en el 2011 y que era parte de los aspirantes del registro, por lo cual el docente pide impugnar el registro.
En el medio de esto, acusaciones cruzadas de criterios dudosos aparecen desde todos los implicados: persecución política, antecedentes académicos insuficientes, faltas a LA verdad y pasividad frente a las arbitrariedades, incumplimiento de derechos laborales, incluyendo teóricas animosidades personales convertidas en agravios y enfrentamientos, todo un culebrón.
El elemento de justicia y objetividad en la disputa sin embargo es común a todos los que en ella participan: la evaluación de antecedentes mediante el registro de aspirantes es LA garantía de que lo académico supedite las diferencias políticas. Las reglas de la academia nos investirán mediante la exhibición del currículum.
El currículum académico que exige el reglamento para la provisión de cargos auxiliares docentes, abarca todas las dimensiones consideradas relevantes de la vida académica y científica (títulos, antecedentes, cursos, reuniones científicas, publicaciones, becas, proyectos de investigación, cargos públicos, etc.). La experiencia nos muestra que estos requerimientos no son meramente criterios que aseguren la calidad de las producciones científicas o la idoneidad docente, ni un modo de selección que obedece a restricciones. El registro de aspirantes -considerado en su momento una conquista de peso dentro del departamento de antropología ya que democratizaba el famoso “dedo” con el que se solía designar a los aspirantes a nuevos cargos docentes- desde la legitimidad que trasunta en tanto reglamentación escrita, supone al mismo tiempo toda una serie de reglas de conservación de la jerarquía académica que no están escritas, oscurecidas debido a que dan cuenta de la falsedad de la homologación de los criterios de regulación de la academia con los métodos “objetivos” de validación científica. El hecho de que los elementos probatorios de nuestros antecedentes académicos sean evaluados por una Comisión evaluadora con voto de todos los claustros, aparece como un recurso de legitimación adicional que bajo la apariencia de democratización, encubre un voto calificado restringido a una minoría que se supone experta en la materia, la cual bajo el supuesto de su neutralidad y su rol de exégetas del reglamento, ponen en juego decisiones de densidad política desde un posicionamiento ideológico activamente negado, garantizando de este modo la continuidad de quienes mejor reproduzcan el modo de producir la verdad (disciplinar, académica, política), lo que constituye su razón de ser.
Un criterio para cada uno (o cómo el sistema de asignaciones y nombramientos a trabajadores en Filo atrasa varios años respecto de otros niveles del sistema educativo)
Como toda torre de marfil que se precie, el brillo broncíneo de Filosofía y Letras (UBA) no es empañado ni rozado por las leyes de este mundo. En otros niveles del sistema educativo de nuestro país, desde el punto de vista del docente, se aspira a un trabajo desde el momento en que se ingresa a la docencia aún sin ejercerla, al ser visitante principiante de los actos públicos de adjudicación de cargos. Ser trabajador docente en los niveles inicial, primario y medio, implica acogerse a los mecanismos existentes de aspiración a cargos, que son en última instancia -con todos los matices que deben ser interpuestos- mecanismos propios de la democracia burguesa. El nombramiento del docente como trabajador, se efectiviza a través de mecanismos formales de calificación y selección docente someramente transparentes en lo concreto:  En las juntas de clasificación docente de CABA, en los tribunales descentralizados de clasificación de provincia de Buenos Aires, en los actos públicos metropolitanos, por citar casos cercanos geográficamente pero alejados de la práctica clientelar aún existente en muchos lugares del país (o en Filo), se ponen en juego criterios claros -democráticos las más de las veces y discutibles en algunos casos-  que incumben a los trabajadores en su conjunto, y en tanto es así, son discutidos puntillosamente por las organizaciones sindicales docentes, siendo paradigmático el caso del Estatuto del Docente de la Ciudad de Buenos Aires que fue elaborado conjuntamente por los trabajadores.[1]
Adicionalmente, en el resto de los niveles del sistema educativo, el carácter asalariado del trabajo docente es plenamente reconocido. Tanto…, que el trabajo de los maestros y profesores… se paga. Nunca lo requerido desde las instancias sindicales, a veces con demoras de algunos meses merced a la impericia operativa de sucesivos gobiernos[2], pero se paga.
Vamos por partes. En Filo (y en Antropología se sigue la regla fielmente), los mecanismos de designación docente ni por asomo tienen por objeto el reconocimiento del carácter de trabajador del docente. Estos mecanismos son la escalera al cielo académico, cuyas puertas están vedadas por principio y se abrirán sólo en tanto algún que otro elegido haya recorrido cada uno de los escalones y cumplido con cada uno de los pasos, siempre en un tiempo determinado y de la mano de alguno o alguna de los que ya alcanzaron las bondades del edén. El reconocimiento viene en la forma de un renglón en el currículum, para seguir participando, un mero objeto simbólico que se exhibe públicamente con una mano mientras la otra da el apretón acordado. En antropología particularmente, el registro de aspirantes para auxiliares docentes, lejos de replicar las formas más transparentes del resto del sistema educativo, viene a ser el marco legitimador de nombramientos para algunos y no-nombramientos para otros. El sólo hecho de existir una publicidad extremadamente limitada para informar a posibles interesados de la sustanciación de esta instancia, implica desde el vamos unas posibilidades desiguales y altamente restringidas para acceder a dichos cargos. Ni hablemos entonces de cómo se ha resuelto la sustanciación de diferentes registros de aspirantes a cargos auxiliares, el caso particular que viene sucitando temblores desde el año pasado es uno más de los muchos casos en los que sigue funcionando el “dedo” detrás del escenario… que algo cambie para que nada cambie.
Respecto de la correspondiente asignación salarial, principio básico del sistema democrático burgués que muchos defienden con ampulosidad, filo (y antropo) no se dejan tampoco contaminar por la modernidad burguesa. Lejos de mínimamente, aunque más no sea, ‘gestionar la crisis presupuestaria’ de la UBA y hacer honor al pago del trabajo gratuito desempeñado por un ejército de trabajadores -que la hipocresía académica prefiere denominar “ad-honorem”- a medida que se van liberando rentas, la dudosa preservación de la estructura de las cátedras está por encima del más elemental derecho laboral del sistema capitalista, el mismo del que muchos no esbozan la más tibia crítica. De este modo las vetustas cátedras siguen vistiendo indumentaria medieval y replicando una jerarquía de cacicazgo, al esgrimir que las rentas ‘deben quedar en la cátedra’ y preservar ‘para los suyos’ recursos que son de la facultad, sobre los cuales se resuelve de forma muy poco democrática. En Filo persiste el orden feudal, en el que el amo de un pequeño reino, da protección a sus siervos a cambio de los servicios que éstos le prestan. En Filo tenemos varios pequeños reinos, varios amos y muchos siervos.
Democracia sin adjetivos
La ley y el orden surgen
de los mismos procesos que gobiernan, pero no son rígidos ni se deben a inercia o
moldeamiento permanente. Al contrario, se imponen como resultado de una lucha
constante no sólo de las pasiones humanas contra el derecho, sino también de unos
principios jurídicos contra otros(…)el conflicto tiene lugar entre la ley estricta y el uso legalizado, y es
posible porque la primera tiene tras de sí la fuerza de una tradición más definida
mientras que el último se nutre de inclinaciones personales y del poder presente.
Malinowski, Crimen y costumbre en la sociedad salvaje, 1926
 
“El derecho solo puede consistir, por naturaleza, en la aplicación
de una medida igual; pero los individuos desiguales (…)solo pueden medirse
por la misma medida siempre y cuando se les enfoque desde un punto
 de vista igual…”
Marx, Crítica del programa de Gotha,1875
 
“Por último, se advertirá que los dominios de la epigénesis y de la evolución están tipificados, en un nivel más profundo, por los paradigmas gemelos de la segunda ley de la termodinámica: 1) que las operaciones probabilísticas aleatorias siempre se tragarán el orden, la pauta y la entropía negativa, pero 2) que para la creación de un nuevo orden son indispensables las operaciones de lo aleatorio, la plétora de alternativas no resueltas (entropía). En lo aleatorio los organismos recogen nuevas mutaciones, y allí encuentra sus soluciones el aprendizaje estocástico. La evolución tiene un punto culminante: la saturación ecológica de todas las posibilidades de diferenciación. El aprendizaje lo tiene en el espíritu atestado, hiperlleno. Volviendo al huevo inculto producido de manera masiva, la especie en marcha despeja una y otra vez sus bancos de memoria a fin de estar dispuesta a recibir lo nuevo”
Bateson, Espíritu y naturaleza, 1979.
En el marco de situaciones que, como describimos, son moneda de lo más corriente en Filo -pero no por ello menos blanco de una crítica que desmenuce los mecanismos que permiten su recurrencia- desde la asamblea del Cefyl se vota… ¡¡trompetas!! ¿¿¡¡¡Prácticas nuevas!!!?? ¡No, qué esperanza! Se vota el pedido de renuncia de la directora y el secretario académico del Departamento de Antropología y de una ayudante a la que se le asignó la renta en cuestión, por ser consejera directiva. Se acciona el interruptor del denunciómetro que corre por izquierda a propios y ajenos, se pone en escena una condena moral al uso sectario del dominio de lo público en la academia en función de intereses políticos, se piden renuncias a mansalva, y con todo ello… se deja completamente intactos los roles y sus jerarquías, donde el límite es el defecto y no se advierte la constitución misma del orden irrumpido por la supuesta anomia. Los roles buenos y malos pueden admitirse en la contemplación estética de la subjetividad de una puesta teatral. Pero la limitación de una crítica que focaliza en la personificación de un rol, elude el cuestionamiento de la constitución de las relaciones sociales que sitúan a los sujetos en sus roles. O tiene en cuenta secretamente tal cuestionamiento, pero evita verbalizarlo en pos de representar una actuación, más efectista y cara a los intereses del momento.
El pedido de renuncias deja intacto el cuestionamiento sobre la estructuración jerárquica, estamental y corporativa de la academia y los modos en los cuales se da su gobierno sobre la distinción entre productores y consumidores de conocimiento, donde la representación desigual en las instancias de gobierno se asienta en la calificación por certificados. Y el pedido de renuncias también deja intacto el imaginario acerca del militante-universitario, que se despliega en demostraciones beligerantes que son tantas otras puestas en escena, con sus propias reglas estéticas y roles bien definidos: la moral impoluta del luchador, quien desde su propio pedestal se lanza al combate en representación de quienes según este imaginario -conscientes de ello o no- somos ontológicamente los sujetos de la revolución, revolución que a ojos vistas significa apenas mantener lo mismo pero mas… rojo. El pedido de renuncias finalmente, deja intactos los mecanismos que propiciaron la ocurrencia de los propios hechos que desataron tal pedido de renuncias, lo cual nos confirma que no estamos ante nada más que un juego de simulaciones teatrales, en los que se juzgan mejores o peores a las medidas de ‘lucha’ según el grado de su exceso. Nada nuevo bajo el sol, más retroalimentación negativa, tanta que aburre.
Nuestra propuesta es sencilla, consiste en discutir, elaborar criterios y decidir en forma interclaustral y verdaderamente colectiva y democrática las cuestiones ligadas al funcionamiento institucional de la carrera, específicamente en el caso que nos ocupa, lo referido a nombramientos de auxiliares docentes y asignaciones de rentas. En cuanto a lo primero proponemos someter a debate y reformulación la reglamentación acerca del Registro de Aspirantes. En cuanto a lo segundo proponemos debatir y definir en forma colectiva, interclaustros y con participación de la gremial, un sistema de asignación de rentas a los trabajadores docentes según criterios públicos y consensuados, evitar que las designaciones, siendo recursos de la facultad, queden presa de las cátedras. Concurrentemente proponemos que en forma interclaustros discutamos medidas tendientes a lograr la asignación de renta para todos los docentes (ahora se está peleando, al parecer, por cómo ser reparte la frazada corta, olvidándose de que de lo que se trata, como mínimo, es que todo trabajador tenga su salario).
Sabemos que ante nuestra propuesta de discutir estos temas en forma interclaustros en instancias específicas como jornadas, comisiones de trabajo y debate en las aulas, algunos y algunas persistirán, agarrando fuerte sus togas y manuscritos, en su resistencia a abandonar la Edad Media y nos responderán que para ello está la junta, con representación claustral democráticamente elegida, y que pín y que pán. Otros también persistirán y agitando pedidos de renuncia frente a nuestras narices, nos responderán conservadoramente que los ‘malos funcionarios’ deben irse. Entonces, a ambos, les convidaremos, una vez más, a leer esto: El problema de la democratización en la UBA
Antropologas en el Nodo
mayo de 2012


[1] En 2011 fue ‘reformado’ por el macrismo gobernante en un intento de disponer de mayor injerencia en los nombramientos docentes (casi como en Filo, bah…), no sin ardua resistencia por parte de los gremios docentes para evitar volver a las designaciones ‘a dedo’.
[2] Nuevamente, traemos el caso de la ciudad de Buenos Aires durante por lo menos las últimas tres gestiones.

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